Breve comentario a 'Ángeles fósiles' de Alan Moore
Me acabo de leer Ángeles fósiles, de Alan Moore, que en sus páginas arremete contra la magia ceremonial, arremete contra las órdenes esotéricas, arremete contra la mera hechicería o magia "baja", arremete contra el arte contemporáneo, arremete contra las brujas adolescentes de TikTok y los covens con olor a pijamadas, arremete contra la instauración del Eon de Horus y su rocambolesca colisión con el de Maat, arremete contra el dogmatismo thelemita, contra el fascismo místico y contra el abuso de ketamina en la ideación de cosmovisiones... De hecho, arremete contra todo el ocultismo posterior a John Dee, y lo hace de una forma despiadada y magistral. Congruente con su definición de magia en tanto El Arte con mayúscula, o El Arte por antonomasia, con su ensayo Moore se posiciona como el candidato perfecto a ser el mago más brillante y poderoso del planeta en nuestros días.
Después de leer Ángeles fósiles, nadie tendría por qué ofenderse cuando lo llamen "mago de sillón", si con esto nos referimos al mago que simplemente utiliza el medio más antiguo y preferido para hechizar (y hechizarse): la palabra. ¿En qué momento –sugiere el autor de Promethea– el mago que eyacula sobre sigilos o hace amarres creyó que podía tirarle al mago que urde historias literarias de puta madre a sabiendas de que Odín, Thot y Hermes son tanto dioses de la magia como dioses escribas? Y Moore deja bien claro que tales historias han de salir de nuestro interior, en vez de esperar que lleguen intelectos preter-humanos a hacernos la tarea, en vez de permitir que el mundo exterior colonice nuestro mundo interior, que es el único campo de acción real de todo arte y de toda magia.
Ángeles fósiles es un texto fascinante. A mí me emocionó mucho y me divertí leyéndolo. Por ahora me reservo mis críticas al libro, que, por supuesto, las hay.
Comentarios
Publicar un comentario