Entidades
Puede que hablar de entidades sea lo mismo que hablar de procesos psicológicos o productos mentales. Es algo controversial y en un análisis más profundo nos remitiría al viejo problema filosófico de los universales. Sin embargo, para fines prácticos, algo hay que advertir: las entidades, sea cual sea su naturaleza, tienen la capacidad de trascender al individuo (o independizarse de él) y afectar la realidad.
De hecho, es conveniente tratar los hábitos como entidades. Hay hábitos "negativos" que cuando se quieren quitar pareciera que el resto del mundo nos pone la zancadilla, como si algo estuviera poniendo las condiciones para que volvamos a caer en ese hábito no deseado.
Esas dificultades pueden verse como aspectos separados de la psique o simples casualidades (¿sincronicidades?). Podrían ser procesos independientes que confluyen cada uno por su cuenta para fastidiarnos, pero es más sencillo asumirlos como mecanismos de supervivencia que ha desarrollado ese "algo" que controla el hábito. Hemos dejado que se forme una entidad que busca expresarse, asegurar su alimento y supervivencia y que ha desarrollado con el tiempo una serie de habilidades que le permiten fortalecerse y evitar muestro control.
Detrás de nuestras habilidades, hábitos y conductas hay procesos complejos inconscientes que los controlan. Son de facto entidades que actúan a nivel inconsciente y que se expresan en la consciencia en forma de pensamientos, sensaciones o control corporal. Notamos el resultado, pero no el proceso interno.
El mecnaismo que mantiene "vivas" a las entidades tiene que ver con la energía y la atención que reciban. Otra vez, es muy similar al desarrollo de una habilidad o una conducta, que al principio requiere de toda tu atención pero con el tiempo y la práctica llegará a no necesitar el control consciente, pudiendo ejecutar las tareas de forma automática. Todo lo que entra en la consciencia recibe una carga de energía mental.
Pero no es recomendable que una entidad se alimente puramente de tu atención. Puede terminar colándose en tu consciencia para alimentarse creándote una obsesión o generándote emociones de las que alimentarse. Las emociones son costosas en términos de energía y terminarías agotado. Una entidad que tú hayas creado o con la que entres en relaciones se alimentará de lo que tú decidas o de lo que pactéis entre ambos. Recuerda, en la mente todo, incluso las entidades que evoques, se rige por reglas (o por cómo esté definido el software, como dirían los informáticos), y esas reglas son inviolables... a no ser que tu autoconfianza se resquebraje y creas que la entidad puede saltárselas.
Aunque todo lo anterior parece decir lo contrario, las entidades no tienen por qué tener rasgos humanos ni tener una personalidad. Pueden comportarse como fuerzas impersonales, como máquinas, tener rasgos animales, comunicarse con sensaciones, etc. Todo depende de cómo están definidas. Y eso aplica a los procesos que controlan nuestras conductas. El hecho de que parezcan tener iniciativa no significa que tengan forma definida ni que se definan a sí mismas como entidades. Puedes considerarlas como un simple software o como energías impersonales que el resultado mágico será el mismo.
Citando a Ralph Tegtmeier (mejor conocido como Frater U.D.):
«¿Hay espíritus?
En el modelo espiritual, sí.
¿Y en el modelo energético?
En el modelo energético hay formas de energía sutil.
¿Y en el modelo psicológico?
Bien, en el modelo psicológico nosotros estamos tratando con proyecciones del subconsciente.
¿Qué ocurre en el modelo de la información entonces?
En el modelo de la información hay grupos de información.
¿Sí, pero hay espíritus o no?
En el modelo espiritual, sí.»
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